Yo, como todos los demás, era una persona normal.
Feliz, a ratos; triste, a ratos. Moderada, contenta, distraída de la vida, andando a mi ritmo.
Entonces el ratio subió, y un bichito se instaló en mi interior, y en el de otros.
Conocimos a gente que pagaba hipotecas desorbitadas cuyos hijos deberían aceptar.
Más tarde, esas gentes no tuvieron trabajo y los pisos que habían conseguido con tesón se fueron a la mierda, literalmente.
Y el bichito creció un poco.
Luego nuestros abuelos y tíos tuvieron que seguir trabajando con reúma, cáncer, osteopatías y mucho, mucho cansancio porque no podían jubilarse.
Luego llegó "el cambio", a la miseria por supuesto.
Mis amigos no encontraban trabajo, uno ya no podía seguir viviendo del paro y pagar su piso al mismo tiempo. A otro no le hacían contrato, y otros se tuvieron que marchar de su tierra natal en busca de un sueño que nunca se visualizó.
Y el bichito se hizo más grande.
Luego legalizaron el despido con 9 días de baja, permitieron los EREs excesivos, nos subieron los impuestos, despidieron a los profesores, cerraron hospitales, cobraron por recetas, paralizaron las pensiones y los sueldos de los funcionarios (a los que ya se les había reducido el salario), declararon "resistencia policial" a las sentadas, haciendo de Ghandi un enemigo del Estado (Español... o Alemán, discúlpenme por la duda tan vanal). Después, los concejales de Tres Cantos se subieron el sueldo, y Merkel también.
Ahora ese bichito nos come a todos por dentro. Tiene diferentes nombres: impotencia, rabia, ira, preocupación. La Era del Miedo ha comenzado, y nos engulle tranquilamente, aspirando nuestras ganas de vivir y todo aquello que hemos conseguido. ¿Será este bichito, ahora monstruo, suficiente para abrir los ojos? ¿Será suficiente para que empecemos a actuar?
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viernes, 25 de mayo de 2012
jueves, 5 de abril de 2012
Conversaciones en un día
Ring Ring Ring Ring
Ya estoy, salgo ya, me paso por tu casa.
¿Cómo estás?
Hombre, yo no sé, no tengo huevos.
Me estoy cuidando la voz.
¿Te has tomado el hibuprofeno ya?
¡Guau!
¡Mira! ¡Un guau! ¡Sí!
¿Giramos aquí?
Hoy no puedo ni andar
O sea, que no vienes ¿no?
Ella me decía es que yo no sé si ahora quiero darle lo de antes.
He comido como una perra y he andado como una perra
¡Ah! ¡Pensaba que me decías el viernes!
Es como coger constantemente un libro que no vas a leer
O como si no puedes comer y tienes a una persona 24 horas cocinando para ti
Es muy triste, pero la verdad es que la clave es pasar el uno del otro
Y me van a hacer una radiografía
¿Y eso?
Para ver si tengo una lesión lumbar
La Seguridad Social es una mierda.
La verdad es que sí.
No sé, no sé, hoy estoy muy mal.
¿Sabes algo de la Revolución Mexicana?
Por si quieres dar una vuelta luego con el perro.
Antes hemos pasado por la Renfe y el perro ha mirado porque creía que venías
Qué mono, pero qué plasta.
Tú sabes que las decisiones a lo largo de la historia han cambiado rumbos drásticamente ¿no?
Pues si sigues así no vas a entrar en mi fortín
No, no vas a colonizar en mi llanura ¿sabes?
Entonces, ¿no cuento contigo? Dímelo claro
Que te he dicho que no muy claro, no puedo ni andar.
Ya estoy, salgo ya, me paso por tu casa.
¿Cómo estás?
Hombre, yo no sé, no tengo huevos.
Me estoy cuidando la voz.
¿Te has tomado el hibuprofeno ya?
¡Guau!
¡Mira! ¡Un guau! ¡Sí!
¿Giramos aquí?
Hoy no puedo ni andar
O sea, que no vienes ¿no?
Ella me decía es que yo no sé si ahora quiero darle lo de antes.
He comido como una perra y he andado como una perra
¡Ah! ¡Pensaba que me decías el viernes!
Es como coger constantemente un libro que no vas a leer
O como si no puedes comer y tienes a una persona 24 horas cocinando para ti
Es muy triste, pero la verdad es que la clave es pasar el uno del otro
Y me van a hacer una radiografía
¿Y eso?
Para ver si tengo una lesión lumbar
La Seguridad Social es una mierda.
La verdad es que sí.
No sé, no sé, hoy estoy muy mal.
¿Sabes algo de la Revolución Mexicana?
Por si quieres dar una vuelta luego con el perro.
Antes hemos pasado por la Renfe y el perro ha mirado porque creía que venías
Qué mono, pero qué plasta.
Tú sabes que las decisiones a lo largo de la historia han cambiado rumbos drásticamente ¿no?
Pues si sigues así no vas a entrar en mi fortín
No, no vas a colonizar en mi llanura ¿sabes?
Entonces, ¿no cuento contigo? Dímelo claro
Que te he dicho que no muy claro, no puedo ni andar.
sábado, 24 de marzo de 2012
No pereceremos
Son como una lava ardiente,
incandescentes se mueven por el paseo de la lucha.
No tienen nombre ni cara
pero tienen voz y un cuerpo que se desangra.
Son los gritos del hoy,
las esperanzas del mañana.
Son aquellos que pasan en tropel
cerca de tu ventana.
Gritan por el mundo que les es dado
todavía por un soplo de esperanza.
No tienen más que manos, una ilusión
una unión, una pancarta.
Se caerán barridos por su inocencia
y por las otras masas, que van armadas.
Pero no perecerán.
Se quejarán de una vida injusta
aquellos que viven vidas maltratadas.
Recogerán sus cuerpos, sus azadas,
y a empuñar el coraje en sus manos vacías
Otra vez volverán.
No mires con ojos desdeñosos
a aquellos que imploran por un sueño
o que surgen de las penumbras del hambre,
que miran al futuro con ojos pavorosos.
No caerán, no caeremos
ante los golpes de aquellos
que nos llaman "el enemigo",
porque no, no pereceremos.
incandescentes se mueven por el paseo de la lucha.
No tienen nombre ni cara
pero tienen voz y un cuerpo que se desangra.
Son los gritos del hoy,
las esperanzas del mañana.
Son aquellos que pasan en tropel
cerca de tu ventana.
Gritan por el mundo que les es dado
todavía por un soplo de esperanza.
No tienen más que manos, una ilusión
una unión, una pancarta.
Se caerán barridos por su inocencia
y por las otras masas, que van armadas.
Pero no perecerán.
Se quejarán de una vida injusta
aquellos que viven vidas maltratadas.
Recogerán sus cuerpos, sus azadas,
y a empuñar el coraje en sus manos vacías
Otra vez volverán.
No mires con ojos desdeñosos
a aquellos que imploran por un sueño
o que surgen de las penumbras del hambre,
que miran al futuro con ojos pavorosos.
No caerán, no caeremos
ante los golpes de aquellos
que nos llaman "el enemigo",
porque no, no pereceremos.
miércoles, 22 de febrero de 2012
Mob
The angry mob moves slowly
They bring anouncements of a future to be different,
they believe that is being late
for this Country to change.
They run into the streets
and I´m among them, watching the scene.
Then one proclaims the system to be wrong,
his voice loud among the huge crowd.
They don´t know each other
but all are welcomed as sisters and brothers.
And starting to lose my way,
some words start to be said.
It is a claim, an agony, a fear
shouted in words to the air.
And I feel I´m one of them
and start crying out loud
with that angry mob that is Spain.
They bring anouncements of a future to be different,
they believe that is being late
for this Country to change.
They run into the streets
and I´m among them, watching the scene.
Then one proclaims the system to be wrong,
his voice loud among the huge crowd.
They don´t know each other
but all are welcomed as sisters and brothers.
And starting to lose my way,
some words start to be said.
It is a claim, an agony, a fear
shouted in words to the air.
And I feel I´m one of them
and start crying out loud
with that angry mob that is Spain.
Nothing 2
Lying on the ground, his heart is still beating.
His chest moving, in a compass of determination
in a slow motion capture of scene.
With some hope still remaining
beside a huge luggage of loads of action
Two friends take each other hands, haven´t seen
That´s the moment when all´s changing.
Both of them will stop believing
Life is a path with no complication.
Both of them will lose a part
in this war of fierce alienation.
His chest moving, in a compass of determination
in a slow motion capture of scene.
With some hope still remaining
beside a huge luggage of loads of action
Two friends take each other hands, haven´t seen
That´s the moment when all´s changing.
Both of them will stop believing
Life is a path with no complication.
Both of them will lose a part
in this war of fierce alienation.
martes, 21 de febrero de 2012
Stormy weather
Por fin se condensaron las aguas de sus cuerpos.
Se tensaron las cuerdas de sus corazones hasta cubrirlos de tempestad-
como siempre había sido y nunca se admitió.
En un domingo negro salieron por puertas opuestas,
sin poner manos ni lazos en común.
Imbuidos por una calma nada conocida,
sólo permanecían los restos de la lluvia
que no anunciaba un cielo claro.
Stormy weather.
Se tensaron las cuerdas de sus corazones hasta cubrirlos de tempestad-
como siempre había sido y nunca se admitió.
En un domingo negro salieron por puertas opuestas,
sin poner manos ni lazos en común.
Imbuidos por una calma nada conocida,
sólo permanecían los restos de la lluvia
que no anunciaba un cielo claro.
Stormy weather.
jueves, 9 de febrero de 2012
You will feed that soil
Our hopes
and our fears
will feed
tomorrow´s soil
The windmill
of our lifes
will carry
future days.
You,
who have
the entire world
in front of you
will
with your
disolution
make place
for another lives.
You,
who have nothing
to lose
against the sunsets
of the Earth
will always float
on an eternal
sea of souls.
The grass
that now caresses
your feet
will take
its needs
from your carcass old.
Let us not
part with a tear
of woe
but with a smile
of gratitude.
and our fears
will feed
tomorrow´s soil
The windmill
of our lifes
will carry
future days.
You,
who have
the entire world
in front of you
will
with your
disolution
make place
for another lives.
You,
who have nothing
to lose
against the sunsets
of the Earth
will always float
on an eternal
sea of souls.
The grass
that now caresses
your feet
will take
its needs
from your carcass old.
Let us not
part with a tear
of woe
but with a smile
of gratitude.
domingo, 15 de enero de 2012
Our fears fed
Once again, we are here to discover that this is not our place.
Once more, I am here to see my own destruction,
to feel my own doubts, and how they bit me inside.
We watch our castles burn and collapse,
we see our fears fed, and our agonies growing,
and in our minds a voice calls, shouting.
We cannot ease the pain of a whole body infected.
We cannot release the bird that always has lived in cages.
Once more, I am here to see my own destruction,
to feel my own doubts, and how they bit me inside.
We watch our castles burn and collapse,
we see our fears fed, and our agonies growing,
and in our minds a voice calls, shouting.
We cannot ease the pain of a whole body infected.
We cannot release the bird that always has lived in cages.
martes, 29 de noviembre de 2011
Somos el futuro
Compartimos un origen, quizás también un destino
Sí, todo cambia cuando nuestros labios no permanecen sellados.
Lo que fue certero a un tiempo ahora nos es borroso,
mientras alargamos el brazo a la bruma que se extiende ante nuestros ojos.
Merecemos un futuro, merecemos una explicación.
Somos más de lo que nos han hecho ser,
somos una voz que grita,
somos muchos los que luchan.
Somos tantos, que sólo con la fuerza de la palabra
podríamos mover el peso del mundo.
Somos más de lo que quisisteis,
así pues, no os paréis, no os calléis, no desistáis.
Ninguna batalla se ha librado sola.
Sí, todo cambia cuando nuestros labios no permanecen sellados.
Lo que fue certero a un tiempo ahora nos es borroso,
mientras alargamos el brazo a la bruma que se extiende ante nuestros ojos.
Merecemos un futuro, merecemos una explicación.
Somos más de lo que nos han hecho ser,
somos una voz que grita,
somos muchos los que luchan.
Somos tantos, que sólo con la fuerza de la palabra
podríamos mover el peso del mundo.
Somos más de lo que quisisteis,
así pues, no os paréis, no os calléis, no desistáis.
Ninguna batalla se ha librado sola.
lunes, 28 de noviembre de 2011
Los de arriba
Sólo son animales que se alimentan de otros
cuando por fin han sido derrotados.
Como cazadores esperan a ver
a la presa derrotada,
para hacerla sucumbir.
Agotan nuestros recursos,
exprimen nuestros cuerpos,
lijan nuestra moral,
para que al dejarnos acorralados,
puedan ponernos un punto final.
Si nuestra carne y esfuerzo no son suficientes,
si nuestros bienes son escasos,
descargan su furia en nuestros herederos,
herederos, les hacen creer, de un mundo mejor.
Ése es el engranaje de nuestro mundo,
el que sólo da la bienvenida
si tú, a cambio, tienes todo por ofrecer.
cuando por fin han sido derrotados.
Como cazadores esperan a ver
a la presa derrotada,
para hacerla sucumbir.
Agotan nuestros recursos,
exprimen nuestros cuerpos,
lijan nuestra moral,
para que al dejarnos acorralados,
puedan ponernos un punto final.
Si nuestra carne y esfuerzo no son suficientes,
si nuestros bienes son escasos,
descargan su furia en nuestros herederos,
herederos, les hacen creer, de un mundo mejor.
Ése es el engranaje de nuestro mundo,
el que sólo da la bienvenida
si tú, a cambio, tienes todo por ofrecer.
Dónde
¿Dónde estaban los Dioses?
¿Dónde cuando el Destino nos engullía?
¿Dónde estaban cuando sus gentes perecían
en el camino hacia sus sueños?
¿Dónde, cuando las madres no podían
alimentar ya a sus vástagos?
¿Dónde, cuando la vida fue cruel, nociva, aniquiladora?
¿Dónde, cuando aquellos que partieron
hacia una vida mejor
languidecían en las calles?
¿Dónde estaban los de las promesas de futuro,
cuando incluso el presente empezaba a lastimarnos?
¿Dónde cuando el Destino nos engullía?
¿Dónde estaban cuando sus gentes perecían
en el camino hacia sus sueños?
¿Dónde, cuando las madres no podían
alimentar ya a sus vástagos?
¿Dónde, cuando la vida fue cruel, nociva, aniquiladora?
¿Dónde, cuando aquellos que partieron
hacia una vida mejor
languidecían en las calles?
¿Dónde estaban los de las promesas de futuro,
cuando incluso el presente empezaba a lastimarnos?
martes, 6 de octubre de 2009
Fauna de metro
Uno estaba ahí sentado, mirando el periódico usado por otros, y eso que sólo eran las nueve de la mañana. Llevaba un mostacho curioso, medio canoso, lustroso y con cierta gracia, y arqueaba las cejas frente a las noticias del periódico gratuito. Algo así como el Qué, o el 20 minutos.
Otro miraba el móvil, borraba mensajes y llevaba una tabla de skate en la que por detrás ponía: "Mi girl is better than yours" ("mi chica es mejor que la tuya). Su cresta era de un color verde-amarillo poco definido, y se repantingaba en el asiento ocupando el doble de su estado normal.
Justo enfrente había una chica de unos 27 años, con un abrigo rojo burdeos y una chapa gigante con una foto del Big Ben. En una mano llevaba un espejo, en la otra, el rimmel. Se pintaba las pestañas mirando hacia arriba, y con la boca abierta, gesto inequívoco de cualquier fémina que se maquilla los ojos, es imprescindible casi.
Y por último había un chaval sentado justo a mi lado, con un portatil Toshiba, que no dejaba de buscar con el Google cosas como "porno" "chicas lesbianas" "famosas desnudas", " two girls one cup" y "sexo con mulatas pechugonas". Escribía y escribía persistentemente a pesar de que el ordenador no dejaba de trasmitirle una y otra vez el mismo mensaje: "fallo de conexión".
Típica fauna de metro, si típica es lo que se puede decir de ella.
Otro miraba el móvil, borraba mensajes y llevaba una tabla de skate en la que por detrás ponía: "Mi girl is better than yours" ("mi chica es mejor que la tuya). Su cresta era de un color verde-amarillo poco definido, y se repantingaba en el asiento ocupando el doble de su estado normal.
Justo enfrente había una chica de unos 27 años, con un abrigo rojo burdeos y una chapa gigante con una foto del Big Ben. En una mano llevaba un espejo, en la otra, el rimmel. Se pintaba las pestañas mirando hacia arriba, y con la boca abierta, gesto inequívoco de cualquier fémina que se maquilla los ojos, es imprescindible casi.
Y por último había un chaval sentado justo a mi lado, con un portatil Toshiba, que no dejaba de buscar con el Google cosas como "porno" "chicas lesbianas" "famosas desnudas", " two girls one cup" y "sexo con mulatas pechugonas". Escribía y escribía persistentemente a pesar de que el ordenador no dejaba de trasmitirle una y otra vez el mismo mensaje: "fallo de conexión".
Típica fauna de metro, si típica es lo que se puede decir de ella.
domingo, 5 de abril de 2009
Valores y penurias
Pena dan los que tapan bocas ajenas,
los que esterilizan los campos verdes
para acabar en lágrimas quemados.
Rabia es lo que se desliza
entre millones de caras con ojos abiertos,
lo que eriza el vello que se pose
en cualquier fila de sensibilidad trazada.
Valor que se transmite por aquel
que no tiene miedo a la palabra,
al micrófono encendido de frases
dirigidas a las multitudes.
Solidaridad es lo que se halla
detrás de esas manos alzadas,
innumerables entre la crudeza.
Lo que va más allá de los pechos
cubiertos con blancas camisas.
Cobardía es la palabra
únicamente merecida
a aquellos que cortan
una juventud boyante.
Libertad se traza en
la tan ansiada meta.
Lo que pidieron
tantas bocas sin temor
ni máscaras de porcelana.
El "jarrón de agua fría"
fue lo que encontraron
ese día entre poblados árboles
que no anunciaron una nueva luz.
Gritos humanos unidos,
palabras a un mismo coro,
dedos entrelazados a un solo paso...
Es lo que hubo, hay y habrá siempre
cuando todos los anteriores se manifiestan.
los que esterilizan los campos verdes
para acabar en lágrimas quemados.
Rabia es lo que se desliza
entre millones de caras con ojos abiertos,
lo que eriza el vello que se pose
en cualquier fila de sensibilidad trazada.
Valor que se transmite por aquel
que no tiene miedo a la palabra,
al micrófono encendido de frases
dirigidas a las multitudes.
Solidaridad es lo que se halla
detrás de esas manos alzadas,
innumerables entre la crudeza.
Lo que va más allá de los pechos
cubiertos con blancas camisas.
Cobardía es la palabra
únicamente merecida
a aquellos que cortan
una juventud boyante.
Libertad se traza en
la tan ansiada meta.
Lo que pidieron
tantas bocas sin temor
ni máscaras de porcelana.
El "jarrón de agua fría"
fue lo que encontraron
ese día entre poblados árboles
que no anunciaron una nueva luz.
Gritos humanos unidos,
palabras a un mismo coro,
dedos entrelazados a un solo paso...
Es lo que hubo, hay y habrá siempre
cuando todos los anteriores se manifiestan.
viernes, 20 de marzo de 2009
De Noche
Nicotina.
Polvos de talco y canela.
Perfume y sudor frío.
Se respira perezosa la humareda
de la resuelta noche de Madrid.
Chocolate, látex, lycra.
Tacones de 6 centímetros.
Tambores.
Lluvia seca, flores.
Fluorescente.
Manos en lo alto.
Hoteles y dispensadores automáticos.
Luz plateada y verde, gas, basura amarilla.
Hielos en un bolsillo.
Uñas, dientes, cabellos.
Carta de vinos.
Confesión precipitada.
Besos en la oscuridad, aullidos, gemidos.
Carteles luminosos.
Risa arrastrada por el suelo de algún parque.
Un gato maúlla junto a un contenedor.
Unas chicas se suben la falda.
Un chico me mira con ojos a punto de ebullición.
Un hombre vende rosas.
Ron La Habana con Coca-Cola.
Camel, Chesterfield, Fortuna.
Hierba mojada.
Juego de cartas en la Renfe.
Vodka con lima, un pico.
Zapatillas rotas a la carrera.
Un puñetazo, una guindilla.
Sal y limón.
Todo esto y mucho más
es la noche de Madrid.
Polvos de talco y canela.
Perfume y sudor frío.
Se respira perezosa la humareda
de la resuelta noche de Madrid.
Chocolate, látex, lycra.
Tacones de 6 centímetros.
Tambores.
Lluvia seca, flores.
Fluorescente.
Manos en lo alto.
Hoteles y dispensadores automáticos.
Luz plateada y verde, gas, basura amarilla.
Hielos en un bolsillo.
Uñas, dientes, cabellos.
Carta de vinos.
Confesión precipitada.
Besos en la oscuridad, aullidos, gemidos.
Carteles luminosos.
Risa arrastrada por el suelo de algún parque.
Un gato maúlla junto a un contenedor.
Unas chicas se suben la falda.
Un chico me mira con ojos a punto de ebullición.
Un hombre vende rosas.
Ron La Habana con Coca-Cola.
Camel, Chesterfield, Fortuna.
Hierba mojada.
Juego de cartas en la Renfe.
Vodka con lima, un pico.
Zapatillas rotas a la carrera.
Un puñetazo, una guindilla.
Sal y limón.
Todo esto y mucho más
es la noche de Madrid.
sábado, 21 de febrero de 2009
Pablo era diferente
Desde que era pequeño la gente lo miraba de forma distinta.
Pablo no era como los otros niños, nunca se interesó por el fútbol, ni por tirarle del pelo a las niñas. Y según crecía, tampoco se interesaba por las revistas de mayores. Se quedaba cerca de la ventana mirando a la gente pasar mientras los aviones de papel le rebotaban en la coronilla.
Adoraba la música, y pintar. Pintaba en cualquier cuaderno viejo, en las tapas, en las revistas, en las servilletas nuevas o usadas... Poseía un talento natural, una sensibilidad trazada en susurros, pero poca gente se daba cuenta porque apenas se fijaron en él. Tenía sueños por cumplir, metas a las que llegar a tiempo.
Al final el mundo se dio cuenta de que caminaba a contracorriente, en el sentido opuesto a los consejos de la gente. Se sentía solo en la compañía que sus amigos le brindaban. Las cervezas le sabían a agua sucia y las mariposas no revoloteaban entonces en su estómago. Sin duda alguna, no era igual a los demás.
Ellos empezaron a señalarlo con el dedo, a ponerle la zancadilla y Pablo intentó corregirse por sentirse diferente; sin comprender que no había necesidad de corrección, que no había cogido el mal camino, que no era más que otra persona más en una ciudad más.
Su familia lo rechazó y se albergó en camas sucias, entre sábanas usadas, con ratones de compañía y pelusas en el pelo. Consiguió una beca para entrar en una escuela de Bellas Artes, y empezó a tallar un futuro en lienzos que con paciencia fueron vistos por plurales multitudes.
Su nombre apareció en los periódicos, y uno de ellos llegó a la encimera de la cocina de su antigua casa, a esas manos apocadas. Sacaron el pañuelo con sus iniciales de la mesita de noche vieja y astiada; pero fue demasiado tarde. Ese niño que se convirtió en joven finalmente se convirtió en adulto. Y ya no usaba pañuelos de tela.
Renegando de lo anterior, su presente se convirtió en uno de esos lienzos blancos que tantas veces habían pasado por sus manos. Lo que navegaba a contracorriente al final se hizo moda, y acabó por comprender que, en realidad, ése sí era el camino correcto, como tantos otros.
Pablo no era como los otros niños, nunca se interesó por el fútbol, ni por tirarle del pelo a las niñas. Y según crecía, tampoco se interesaba por las revistas de mayores. Se quedaba cerca de la ventana mirando a la gente pasar mientras los aviones de papel le rebotaban en la coronilla.
Adoraba la música, y pintar. Pintaba en cualquier cuaderno viejo, en las tapas, en las revistas, en las servilletas nuevas o usadas... Poseía un talento natural, una sensibilidad trazada en susurros, pero poca gente se daba cuenta porque apenas se fijaron en él. Tenía sueños por cumplir, metas a las que llegar a tiempo.
Al final el mundo se dio cuenta de que caminaba a contracorriente, en el sentido opuesto a los consejos de la gente. Se sentía solo en la compañía que sus amigos le brindaban. Las cervezas le sabían a agua sucia y las mariposas no revoloteaban entonces en su estómago. Sin duda alguna, no era igual a los demás.
Ellos empezaron a señalarlo con el dedo, a ponerle la zancadilla y Pablo intentó corregirse por sentirse diferente; sin comprender que no había necesidad de corrección, que no había cogido el mal camino, que no era más que otra persona más en una ciudad más.
Su familia lo rechazó y se albergó en camas sucias, entre sábanas usadas, con ratones de compañía y pelusas en el pelo. Consiguió una beca para entrar en una escuela de Bellas Artes, y empezó a tallar un futuro en lienzos que con paciencia fueron vistos por plurales multitudes.
Su nombre apareció en los periódicos, y uno de ellos llegó a la encimera de la cocina de su antigua casa, a esas manos apocadas. Sacaron el pañuelo con sus iniciales de la mesita de noche vieja y astiada; pero fue demasiado tarde. Ese niño que se convirtió en joven finalmente se convirtió en adulto. Y ya no usaba pañuelos de tela.
Renegando de lo anterior, su presente se convirtió en uno de esos lienzos blancos que tantas veces habían pasado por sus manos. Lo que navegaba a contracorriente al final se hizo moda, y acabó por comprender que, en realidad, ése sí era el camino correcto, como tantos otros.
lunes, 9 de febrero de 2009
En algún lugar... 2
Miro a las montañas. Pinos, chopos y claros pueblan los montes, como guardianes eternos de una magia insondable. Sabios, esquivos, fríos.
Llenos de historias y secretos, de locuras y palabras silenciosas e impronunciables. Montes oscuros y paisajes sobrecogedores bajo un manto claro y cristalino. Un manto puro, lleno de vida y al tiempo inerte. Desechos de lluvia que se alejan en su danza ritual, sometiéndose a vientos y tempestades.
Ladridos y el piar de algún pajarillo perturban el sacro silencio. A veces el murmullo del viento, seduciendo a alguna hoja despistada llega al tímpano de un fiel oyente, si es que lo hay. Las montañas cantan por sí mismas, y callan por sí mismas, haciendo honor a su espíritu único, libre.
La naturaleza respira en su curso con profunda tranquilidad. Las pisadas de un solitario ciervo irrumpen en ese resquicio sagrado de lo que un día pobló esa estéril superficie, terriblemente fértil en su día y destruida en vacuidad por la inconsciencia humana. Mientras un llanto abandonado se quedaba a las puertas de oídos necios, tapados por manos necias, pertenecientes a humanidades enteras necias.
Nuestra herencia, lo poco que queda de esa gran sabiduría natural, ahora pace tranquila; como esperando su fin y sabiendo que tarde o temprano morirá sin haber transmitido su amplio conocimiento.
Viviendo en silencio, rallando el cielo.
Llenos de historias y secretos, de locuras y palabras silenciosas e impronunciables. Montes oscuros y paisajes sobrecogedores bajo un manto claro y cristalino. Un manto puro, lleno de vida y al tiempo inerte. Desechos de lluvia que se alejan en su danza ritual, sometiéndose a vientos y tempestades.
Ladridos y el piar de algún pajarillo perturban el sacro silencio. A veces el murmullo del viento, seduciendo a alguna hoja despistada llega al tímpano de un fiel oyente, si es que lo hay. Las montañas cantan por sí mismas, y callan por sí mismas, haciendo honor a su espíritu único, libre.
La naturaleza respira en su curso con profunda tranquilidad. Las pisadas de un solitario ciervo irrumpen en ese resquicio sagrado de lo que un día pobló esa estéril superficie, terriblemente fértil en su día y destruida en vacuidad por la inconsciencia humana. Mientras un llanto abandonado se quedaba a las puertas de oídos necios, tapados por manos necias, pertenecientes a humanidades enteras necias.
Nuestra herencia, lo poco que queda de esa gran sabiduría natural, ahora pace tranquila; como esperando su fin y sabiendo que tarde o temprano morirá sin haber transmitido su amplio conocimiento.
Viviendo en silencio, rallando el cielo.
Convencimientos disimulados
Pensando en esta sociedad que tantas veces te engaña, te defrauda o te hace sentir domesticadamente feliz.
Nos enseñan a sentir, a vivir, a mentir, engañar y estafar. Desde un principio dejan claras las pautas a seguir, los estándares, las frases típicas de películas surrealmente moralistas. Te dicen el camino que hay que seguir para llegar a la meta que ellos quieran, aunque creas que es la que quieres tú. Nos enseñan a crecer y nos dicen qué debemos comprar, qué debemos vestir e incluso qué decir en cada momento determinado de nuestra vida, cuál es la sentencia más oportuna.
Nos venden un patriotismo, o una religión, o nuestro propio pensamiento. Y muchas veces nos sale caro.
Nos venden un ideal, un espejismo azucarado para entrar en la niebla en el laberinto de la mente humana. Nos dominan para creer en algo prefabricado, para seguir al rebaño hasta el precipicio. Y si te sales de éste te maltratan. Directa metafórica o dolorosamente. Te asustan para que vuelvas, para que te modeles y esculpas a su medida y no te llamen más "raro" o "extraño".
Ser diferente te puede marcar una gran diferencia.
Encajonan y seleccionan los compartimentos por los que tienes que pasar para llegar a cualquier objetivo. Para tener una casa, o un trabajo, o un perro que te mueva el rabo cuando llegues a casa del trabajo. Para seguir a una oficina, a un jefe, a un amor, a un país... Porque es lo que hay que hacer. Lo que hay que hacer.
Nos enseñan a sentir, a vivir, a mentir, engañar y estafar. Desde un principio dejan claras las pautas a seguir, los estándares, las frases típicas de películas surrealmente moralistas. Te dicen el camino que hay que seguir para llegar a la meta que ellos quieran, aunque creas que es la que quieres tú. Nos enseñan a crecer y nos dicen qué debemos comprar, qué debemos vestir e incluso qué decir en cada momento determinado de nuestra vida, cuál es la sentencia más oportuna.
Nos venden un patriotismo, o una religión, o nuestro propio pensamiento. Y muchas veces nos sale caro.
Nos venden un ideal, un espejismo azucarado para entrar en la niebla en el laberinto de la mente humana. Nos dominan para creer en algo prefabricado, para seguir al rebaño hasta el precipicio. Y si te sales de éste te maltratan. Directa metafórica o dolorosamente. Te asustan para que vuelvas, para que te modeles y esculpas a su medida y no te llamen más "raro" o "extraño".
Ser diferente te puede marcar una gran diferencia.
Encajonan y seleccionan los compartimentos por los que tienes que pasar para llegar a cualquier objetivo. Para tener una casa, o un trabajo, o un perro que te mueva el rabo cuando llegues a casa del trabajo. Para seguir a una oficina, a un jefe, a un amor, a un país... Porque es lo que hay que hacer. Lo que hay que hacer.
Personas
Yendo por la calle te das cuenta de la gran multitud de la que formamos parte. De esa extraña masa de cuerpos, de abrigos en invierno y pelos revueltos. De personas.
Personas con sus propias historias, que caminan con un rumbo fijo o sin él, perdiéndose en la neblina de Madrid, entre edificios, calles y plazas. Personas con sentimientos, con problemas, felices o tristes. Personas que no conoces absolutamente de nada y que tienen tanto que contar... La mayoría de ellas jamás tendrán una conversación contigo. Jamás se tomarán una cerveza con tus amigos o te contarán como les ha ido el día... Pero todas forman parte de lo que hoy en día llamamos mundo.
A veces es curioso que te cruces con alguna y le mantengas la mirada, sin incomodidades. No les conoces de nada, pero por un momento se crea un vínculo estrecho que a veces sigue con alguna frase o una sonrisa. Sonríes por dentro... Y en ocasiones también por fuera. Y la otra parte de este juego de desconocidos se percata y te sonríe de vuelta.
Personas. Tan complejas, tan irresistiblemente irregulares y sorprendentes, unconues... Inconfesablemente atrayentes e intimidantes. Otras veces te sonrojas y apartas la mirada. Otras veces te miran con envidia cuando pasas por su lado, como viendo por un instante algo en ti que ellos perdieron. Y sin embargo no te conocen. No les conoces. Pero da igual.
Sigues tu camino igual que ellos siguen el suyo, perdiéndose en la inmensidad de este abrupto planeta lleno de misterios, entre ruedas o encaramados en tintineos de tacones o en andares peculiares, o en rasgos peculiares. En aceras polifacéticas, irrelevantes. Quizás no las vuelvas a ver jamás, ahí ya entra en juego la prescripción del destino.
Personas..., como tú y como yo.
Personas con sus propias historias, que caminan con un rumbo fijo o sin él, perdiéndose en la neblina de Madrid, entre edificios, calles y plazas. Personas con sentimientos, con problemas, felices o tristes. Personas que no conoces absolutamente de nada y que tienen tanto que contar... La mayoría de ellas jamás tendrán una conversación contigo. Jamás se tomarán una cerveza con tus amigos o te contarán como les ha ido el día... Pero todas forman parte de lo que hoy en día llamamos mundo.
A veces es curioso que te cruces con alguna y le mantengas la mirada, sin incomodidades. No les conoces de nada, pero por un momento se crea un vínculo estrecho que a veces sigue con alguna frase o una sonrisa. Sonríes por dentro... Y en ocasiones también por fuera. Y la otra parte de este juego de desconocidos se percata y te sonríe de vuelta.
Personas. Tan complejas, tan irresistiblemente irregulares y sorprendentes, unconues... Inconfesablemente atrayentes e intimidantes. Otras veces te sonrojas y apartas la mirada. Otras veces te miran con envidia cuando pasas por su lado, como viendo por un instante algo en ti que ellos perdieron. Y sin embargo no te conocen. No les conoces. Pero da igual.
Sigues tu camino igual que ellos siguen el suyo, perdiéndose en la inmensidad de este abrupto planeta lleno de misterios, entre ruedas o encaramados en tintineos de tacones o en andares peculiares, o en rasgos peculiares. En aceras polifacéticas, irrelevantes. Quizás no las vuelvas a ver jamás, ahí ya entra en juego la prescripción del destino.
Personas..., como tú y como yo.
lunes, 12 de enero de 2009
Invierno
Todavía queda un poco de nieve en aquel árbol. Se resiste a marcharse, a abandonar su lugar, para convertirse en lo que le corresponde: agua, y después en una ínfima parte de una nueva nube.
En Invierno es cuando la gente se siente más sola, y más acompañada al mismo tiempo. La época festiva se ha ido ya, y volvemos a nuestra rutina, mirando por la ventana cada vez que sale un rayo de sol. Nos cobijamos en cafeterías, habitaciones y bares buscano un poco de calor, en ocasiones calor humano. Esperamos a que vuelva el buen tiempo.
Ahora es cuando nos hacemos propósitos de año nuevo, propósitos que probablemente no llegaremos a cumplir jamás, pero ahí está la intención. Todo se quedará en eso, en la intención. Y mientras tanto esperaremos a que nos den las vacaciones de Semana Santa o a que llegue el próximo puente, o a lo que sea, porque nos agarramos a la ilusión de no tener que permanecer eternamente en nuestros trabajos o carreras.
Al fin y al cabo, todos somos como ese montoncito de nieve, que se resiste a volver a la rutina, que no quiere tener que moverse, sino aguantar hasta que no le quede más remedio que irse.
En Invierno es cuando la gente se siente más sola, y más acompañada al mismo tiempo. La época festiva se ha ido ya, y volvemos a nuestra rutina, mirando por la ventana cada vez que sale un rayo de sol. Nos cobijamos en cafeterías, habitaciones y bares buscano un poco de calor, en ocasiones calor humano. Esperamos a que vuelva el buen tiempo.
Ahora es cuando nos hacemos propósitos de año nuevo, propósitos que probablemente no llegaremos a cumplir jamás, pero ahí está la intención. Todo se quedará en eso, en la intención. Y mientras tanto esperaremos a que nos den las vacaciones de Semana Santa o a que llegue el próximo puente, o a lo que sea, porque nos agarramos a la ilusión de no tener que permanecer eternamente en nuestros trabajos o carreras.
Al fin y al cabo, todos somos como ese montoncito de nieve, que se resiste a volver a la rutina, que no quiere tener que moverse, sino aguantar hasta que no le quede más remedio que irse.
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