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domingo, 16 de agosto de 2009

No te quiero (reeditado)

Hoy no cogeré ese autobús que tantas veces al cielo me llevó
-y al infierno.
Hoy sí tengo el rabo entre las piernas, y las ganas entre la cabeza
-y entre el suelo.
No, no te deseo. No, no quiero quererte y debo convencerme
-de que no te quiero.
Pero cabeza loca, dile, y dime, que no le escuche, no,
-porque no debo.
Hoy no. Hoy soy yo la que debería encontrar otra vista. Soy yo la que
-mira al cielo.
No, no te deseo. No, no quiero quererte y sin embargo, hoy
-te quiero.

domingo, 7 de junio de 2009

Maleza (reeditado)

Siempre que callas y no otorgas
más que el propio Silencio,
yo hundo la cabeza en la tierra mojada
y Espero.

Sí, al fin entendí el tipo de bronce en el que te forjaste,
pero las Palabras no engañan, y a veces se Sobreponen
a la inercia de la línea dibujada.

Si en esa puerta de madera no se oyen,
ni se oirán,
los Golpes guiados por esa muñeca, entonces...

La Maleza crecerá, cubriendo el Umbral
en el tic-tac del Desgaste, para que, sin que se ponga remedio
nadie ose adentrarse, pero tampoco salir entre ella.

Las Espinas dañarán las huellas dactilares
y las pupilas de quien mire por la mirilla,
y ensangrentarán la Complicidad
y reñirán con el Sentimiento.

La Niebla oscurecerá nuestras miradas
sin que tú la hagas desaparecer entre tus dedos.

La Lejanía se unirá a ese "ya es Tarde",
cumplirá la tarea asignada
y la Desilusión me abrazará como una madre abraza a un hijo.

domingo, 24 de mayo de 2009

Ellas se acercan (reeditado)

¡Shhh!
Calla.
No hables.
Que nos oyen.

Nos miran, inquietas y punzantes.
Nos taladran con sus miradas frías.
Calla, no hables, si ya sé lo que pasó.
Quédate a este lado de la puerta.

Un hilo de cerveza
ahora surca la almohada
deshaciéndose estrecha
en un riachuelo hacia el suelo.

Y ellas lo saben, y murmuran.
Y ellas nos pinchan
un poco más
para alargar las lágrimas.

Parece que sonríen en el reflejo del cristal.
O saludan con la mano desde la calle.
Se aproximan intimidantes,
y por cada paso que dan ahora
se convierten en entes más grandes.

Si caminan sincronizadas
parece que ya no dejan
al oxígeno ni la esperanza pasar.

Aumentan con tus palabras
y tus actos malolientes.

Aumentan con mi tristeza
y mi falta de comprensión.

Son aquellas ganas
de dejar lo nuestro y abandonar.

viernes, 3 de abril de 2009

Necia (reeditado)

Descolocaría mis pies
Para nunca más anclarlos
Al suelo que me dio la vida
Y quizá me la quite ahora.

Excavaría un pasadizo
Desde mi corcho hasta
La arena que se mueve y
transforma bajo pies ajenos.

Cambiaría mi apariencia
También mis motivos,
Mi lugar de residencia,
Mis sábanas vacías.

Para volver a ser un punto,
abrir por primera vez los ojos
y comprar zapatitos
pequeños y nuevos.

Exprimiría la creación
De una nueva vida
Con el único propósito
De volver a ser una necia.

miércoles, 1 de abril de 2009

De Noche (reeditado)

Estrellas y montañas.
Blanco y azul marino.
Sonrisas, comida mal preparada.
Calcetines en el suelo.
Empieza la diferente vista
de mi propia noche en Madrid.

Vasos vacíos en una bolsa sin papelera.
Cigarrillos apagados.
Sólo una cama.
Un cordón atado a tus pantalones.
Mirada viciosa.

Desorden acumulado.
Ropa volando rauda entre risas.
Panceta, pan.
La horma de mi zapato.
La horma de tu zapato.

Una manta que siempre me quitas.
Cena de repuesto.
Películas adormecedoras.
Un "buenas noches".
Un "¿tú tampoco puedes dormir?".
Envoltorios cuadrados.

Un impacto.
Te desabrocho la boca.
Baja esa mano.
Conversación sobre experiencias.
Un "buenos días" después.

Todo esto y mucho más
son esas pocas noches nuestras
.

viernes, 20 de febrero de 2009

Otra vez tú (reeditado)

Se me escurren las palabras por el borde de la cama, y caen al suelo, a tu camiseta tirada y ahora llena de pelos de mi perro. La impaciencia llama a mi puerta una y otra vez preguntándome si estás aquí, instándome a llamarte para ver si quieres una cerveza. El tiempo se me desliza entre los dedos cuando me doy cuenta de que tengo que volver a casa, y me cabreo por la existencia del reloj.

Ataste una cuerda a mi garganta y a mi voz, y ya no sé cómo deshacer el nudo. Y ahora que te has ido lo que me queda es tu olor revolviéndose entre mi ropa y mi pelo, dibujándome una sonrisa con esmero. No te despegues, que aunque raspes mi cara, sabes bien...

Sonrío, como una niña pequeña si te recuerdo, y doy saltos en las aceras. Río, y saco una cajita de ilusiones renovadas para abrirla en tu presencia. Me enciendo, me enciendes, y me creo egoísta por querer tenerte más y más cerca. Ahora me estoy sacando un máster con tu cuerpo por sujeto de estudio. Necesitaré analizarlo un poco más minuciosamente y espero que cooperes.

Dos simples palabras llegan de la mano a mi cabeza, simples y tan importantes... Porque mi tristeza se asusta cuando se encuentra contigo, y huye a un rincón oscuro, convirtiéndose en cenizas. Porque sacas de mí lo que creía perdido. Porque me siento tonta mirando tus fotos, o dudando con el móvil en la mano, o volviendo a ponerme tu jersey cada vez que me lo quito. Porque me sacas de ese foso de pensamientos que liman mi mente.

Todavía no entiendo cómo eres capaz de provocar lo que provocas en mi piel, en mi interior, cómo me sacas de mi propia mente y exploras bajo mi subconsciente. Porque todas estas palabras no son suficientes en tu nombre, porque para plasmar todo lo que evocas el diccionario se queda pequeño...

Todavía no entiendo cómo surgió todo de manera tan rápida y precisa, cómo tomó forma antes de que yo me percatase de ello. Cómo todo me golpeó de repente, con cuerpo de besos y caricias que se filtraron más de lo que tenía calculado. Cómo me asaltaste, porque sabes que llegaste tú y no yo. Y ahora cuando lo recuerdo me pregunto qué habría pasado si esa noche no hubiésemos estado allí.

Probablemente, lo que habría pasado es que, sin haberte conocido, ya te estaría extrañando.