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viernes, 13 de mayo de 2011

Nada 2

Hoy un amigo sugirió que escribiese en forma de prosa. Algunas veces lo he hecho, y he escrito muchos diarios también, desde que tenía 10 años. Y hoy no sé por qué, es uno de los pocos días en que no me siento perdida en ese "baño de opio y absenta". Quizás por eso puedo hablar con más certeza de esos días. Algunos parecen borrosos, llenos de experiencias en pupilas desgastadas que sólo tienen 22 años de duración. Hubo días, más bien muchas noches, en las que hacía cosas en las que no meditaba con anterioridad. Me dejaba caer en manos ajenas por el placer de la compasión, de la codicia de unas caricias, o del deseo de ser deseada. The feeling was written on the skin. Al día sigueinte solía despertar mareada, a veces confusa, y en otras ocasiones avergonzada. En una ocasión en particualr busqué esos antojos en un amigo que en realidad nunca fue amigo y el tiro salió por la culata. No es que haya deseado jamás jugar con nadie, simplemente le hago caso a mis instintos más carnales, a mis ganas más febriles.

Otros días me sentía melancólica, y pensando en la persona que siempre rondó por mi mente. En casi todas las ocasiones mencionadas anteriormente deseaba que esa persona fuese él. Y ahora hay que juntar las piezas que nunca volvieron a estar juntas, y remendarlas. Precisamente la noche pasada soñé que dos personas distintas de mi vida estaban invitadas a una especie de fiesta que daba. Y una de esas personas era él, the only exception. Pero yo besaba al equivocado, y al apartarme, éste se convertía en Él, pero en una versión anterior, con el pelo largo y con la barba de cinco días. Y el Él actual me miraba y se alejaba de mí con otra persona de la mano. Supongo que eso es lo que he temido todo este tiempo, que esa única excepción de mi vida se convierta en lo que ya era, en la única.

Y sin embargo sigo buscando esa sensación que hace que se te escame la piel, que tus entrañas se descompongan por fases. Pero no sólo con este ámbito de la vida, sino con todos. Deseo sentir que deseo algo. Que tengo un motivo y una razón de ser, que quizás soy la razón de ser de alguien o de algún punto de una trayectoria que a veces ha parecido absurda. Me gustan muchas cosas de la vida, como a todos. Disfruto de un cigarrillo, de unos amigos con cervezas de por medio, de un paseo por el parque, de una exposición de arte, de un campo sobre el que poder tirarme a mis anchas. Pero eso no me da la felicidad que busco, ni la compañía, ni el placer. El placer..., de que uno se sienta vivo. En otros días del pasado puede que lo sintiese, sobre todo en brazos ajenos. Y quizás no es que no lo haya perdido, sino que quizás no encontré el lote completo de lo que algunos llaman felicidad.

A fin de cuentas, ése es el fn principal de todo ser humano, el sentido de vivir: la felicidad. Si valorasemos un poco más lo que tenemos en vez de pensar sobre lo que carecemos podríamos ser un poquito más felices. Pero yo soy la primera que no se aplica el cuento. Y es que dar consejos sobre vidas ajenas siempre ha sido sencillo y placentero, lo que asusta es la introspección. Esa que abruma con solo mencionarla. Esa que pocas veces se alcanza. Supongo que tendré que buscar dentro de mí misma aquello que quiero buscar, para después tenerlo claro y avanzar. El camino es arduo, pero el impulso es lo primero que hay que encontrar.