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martes, 25 de diciembre de 2012

Cantar

Le miro y me devuelve la mirada.
Y de pronto, como dos imanes
que no dominan sus actos,
nos atraemos.
Es una conexión mística
que no acabo de comprender.
Hace que todo esté en su lugar.
Yo estoy en mi lugar.
Como si el tiempo no hubiese trascurrido,
como si volviéramos al pasado.
A ese pasado placentero.
Y se hizo una luz simple.
Y al mismo tiempo tan compleja.
Su tacto es familiar, cercano.
Es la sonrisa de siempre.
Es el aliento que tanto he codiciado.
Y sin embargo es un aliento
tomado en un aire ya viciado.
Me apena, me abruma, me alegra.
La tristeza me acompaña,
y en un susurro se despliega en mis ojos.
Por todo aquello que no se dijo,
por todo lo que se debería haber hecho,
y todo lo que no se debería hacer.
Es un cantar de un final anunciado.

lunes, 28 de noviembre de 2011

Fuimos felices

Bajo las hojas de un sauce fuimos felices,
bajo los rayos del sol fuimos felices.
Cuando llovía o nevaba,
y tras un tiempo,
hicimos una promesa no escrita,
un voto nunca puesto en palabras.
Cuando los capullos estallaron en flor,
fuimos felices.
Desafiamos al tiempo, al espacio, y al desánimo.
Nos creímos invencibles, y al descubrir
que sólo éramos unos mortales,
sucumbimos al otoño.
Bajo las hojas de un sauce fuimos felices.

sábado, 23 de julio de 2011

Por una ventana en Callao

Él nunca será mío.
Tras una ilusión sólo yace la verdad.
Lo que refleja la mañana
es el eco monónotono de una lenta repetición
de unas pocas noches pasadas.
Toca volver a casa,
es hora de aspirar la realidad
y no pensar más en momentos vacuos
que huyeron por una ventana en Callao.

lunes, 11 de abril de 2011

Chico que era hombre

Él se salía de lo habiual.

Era una presencia etérea, destilaba un vaporcillo asombroso cuando caminaba por la Gran Vía, y las cabezas se giraban a mirarlo. Era asombroso porque aunque tenía un agujero en su polo (su único polo rojo de marca, dado de uso en inumerables ocasiones) se las arreglaba de algún modo para seguir siendo glamuroso, para seguir captando miradas incluida la mía. Yo le agarraba de la mano, y él se dejaba. Íbamos al Starbucks, aunque nunca me gustó ese sitio. Y así me pasaba las tardes, mirándole. Anonadada, supongo que como muchas otras chicas, yo no era la única. Sin embargo, hay momentos que se quedan grabados en tu mente, aunque no sean decisivos, pero yo en la mía le veo a él, sentado en ese sillón, con actitud chula, con una pierna en el reposabrazos y las gafas de sol ajustadas al cuello de su camiseta mirándome con firmeza.

No hacía falta más que un poco de confianza. Y ese aspecto de gigoló- esos ojos azules, esos labios perfectos, y esas pequeñas pecas en sus pómulos. No era alto y sin embargo medía más que lo que aparentaba. No era un hombre fornido, pero era fuerte. En sí mismo, ni si quiera era un hombre, pero sabía aparentar que sí. Y yo agarraba su mano, le daba besos en el metro de forma apasionada, y él me mordía, y yo le mordía como respuesta. Pero sí, podría haber sido otra.

sábado, 9 de abril de 2011

A dream

Walking on the sand,
feeding my feet,
I had a dream.
A dream about you and me.
We were walking together,
do you remember?
Those days in the sun,
enjoying each other,
kissing each other,
learning from each other.
Those days are coming back.
But I cannot help looking at the sun
and think
is it brightening this time?

domingo, 7 de marzo de 2010

Otra de esas

Otra de esas experiencias:
Quizás hoy estoy por recordar. Pero también viene a mi mente el momento en el que otro de esos desconocidos de mi vida me preguntó si me hacía una foto con él. Ni si quiera sabía su nombre, ni si quiera me saludó. Simplemente preguntó si me haría una foto con él. Y yo, sin saber cómo, accedí. Resultó ser un chico que había estado en Inglaterra, y con eso ya me ganó- compréndase, una filóloga que nunca ha pisado tierras anglosajonas. Desde luego, from lost to the river.

No sé si alguna vez conoceré algo más que lo que aquella noche de chupitos conocí.

jueves, 14 de enero de 2010

Intimidad dolorosa

Mi secreto murió en mis labios,
y más tarde vivió en sus ojos.
Mi secreto fue también suyo,
y un temblor inundó mis manos.

Las pupilas se dilataron,
y él fingía guardar la compostura.
Yo no fingía, sólo temblaba
entre mis propios tendones,
resquebrajada mi coraza.

Pensé que era el final.
Pensé que las sonrisas estaban lejanas,
cuando él me abrazó,
"no llores, tranquila, calma".

lunes, 12 de octubre de 2009

Sabor agrio

Leyendo lo anteriormente escrito ha venido a mí un recuerdo en semejantes circunstancias. El emplazamiento era el mencionado en la entrada anterior, aunque sí un poco más íntimo. Una tetería del centro de Madrid, que tenía un sótano lvemente iluminado. Al bajar con él, obviamente no de la mano, observé que había poca gente. Este "él" no era el "él" de la entrada anterior, no sé si mis esfuerzos por explicarme son suficientes.

Este "él" era un viejo amigo. O al menos eso creía yo. Nos sentamos a compartir penurias y secretos, pues para eso estábamos allí, otra vez sumergida en el humo de mi propia cachimba. Entre algo de comida y risas, empezó la parte que menos quería descubrir, la parte en la que las verdaderas intenciones salen a la luz. No negaré que siempre hubo tensión sexual entre nosotros, incluso cuando, en el momento en el que nos presentaron, yo estaba fielmente comprometida con alguien. Y sin embargo, ahí estábamos los dos, después de dos traumatismos amorosos.

Él se acercó, yo me aparté. "¿Qué haces?", dije, loca de mí, pues obviamente había sido indiscretamente directo. Recuerdo el momento en que no pude volver a apartarme, recuerdo el momento en que me separé pensando, o diciendo en voz alta (no lo recuerdo) "eso no está bien". Tan extraño, que años después se diese esta situación. Me sentí culpable. Esa culpabilidad que te envuelve las entrañas, quizás por el paso de los años, quizás por lo extraño de aquella situación, quizás porque no quería contárselo a nadie. No volví a sucumbir, me mantuve fuerte a pesar de la debilidad de ese momento.

Hace ya tiempo de esto, y aún me acuerdo de esa dulzura en los labios y ese sabor agrio en la cabeza.

lunes, 8 de junio de 2009

El librito

Hoy recordé algo que tenía guardado. Al fondo, muy al fondo de ese cajoncito, si se puede llamarlo así, que hace las veces de cajón desastre. No sé por qué mi mente hoy a ido a parar con ese recuerdo, con ese librito pequeño que, según cabe suponer, ha pasado por tantas manos. Si lo abres, con cuidado pues es viejo y tiene reúma, se ven las anotaciones salariales de un médico.

Pone: "El presente libro pertenece a Jose Codina, de profesión médico, que firma como contribuyente por la Industrial". Año 1936. Tras cinco o seis hojas la letra cambia, y el color del bolígrafo también. Y la fecha. 1972. A partir de aquí, se convierte en el diario de mi padre. Anotaciones en bolígrafo azul de cómo eran sus días, y aunque él era joven, de cómo intentaron ligar por primera vez con unas chicas a la puerta de la iglesia. Intento infructuoso si sigues leyendo. Pillastre, ¿cómo conseguirías el cuadernito? ¿Se lo robaste al médico?

Lo conseguí siendo no muy mayor, cuando todavía poseía un trocito de infancia en la vesícula. Por absurdo que parezca, siempre lo guardo, con gran ilusión y regocijo. Por absurdo que parezca siempre lo entierro, para al acordarme de él, despertar otra vez ese brillo en los ojos, como si fuera otra vez la primera vez que lo descubro. Aunque no sea un tratado de historiador, ni la historia de ningún bucanero, es un reflejo de la sociedad de aquel entonces. Son las palabras de un niño. Más aún, son las palabras de mi padre, ese hombre al que yo ya conocí como hombre y no como niño.

Son estas cosas las que hacen que, de alguna manera, reflexionemos sobre la vida que nos rodea, y despeguemos ese chicle baboseado de la mesa para luego darnos cuenta de que no es un chicle, sino una perla. Es uno de mis más preciados tesoros. Eso es, no un cuadernillo, es un tesoro.

domingo, 26 de abril de 2009

Barro y creación

Yo, que hice de la masilla, forma.
Yo, que con cincel perfilé ilusiones.
Yo, que saqué del rayo la luz.
Yo, que vi más allá de las sombras.

Tú, que del grano te hiciste persona.
Tú, el diamante todavía por pulir.
Tú, que acabaste por dar flores.
Tú, al final, la palabra inteligente.

Después de que del barro surgiera la belleza.
Después de arrastrarte en innumerables ocasiones.

Y ahora tornas y sonríes con refulgencia amarga...
Y ahora tus muecas no agradan ni imploran.
Y ahora rechazas y apuñalas a la creadora.

lunes, 6 de abril de 2009

Se nos pasó el café

Una vez dijiste que creías nunca llegaste a comprenderme. Tristes palabras sacudiéndose en una situación aún más triste.

Ahora tengo la miel caducada en los labios, aunque sin rencores quemando el fulgor del ayer. Quizás no pregunto qué más pudo suceder, si todas las cartas se pusieron en la mesa desnudas, descubiertas a unos ojos fijos, mirando al punto inexistente.

No hubo culpas, ni las habrá mientras los suspiros vayan en direcciones contrarias y las risas se distraigan y alborocen. Mientras el filo de la navaja no haga eco de su brillo bajo el sol.

Se nos pasó el café por calentarlo demasiado, por cambiar el recipiente, por echar quizás demasiada azúcar y cambiarla después por sacarina. No pediré perdón pues creo que jamás se necesitará. Y aunque se necesite, mis labios permanecerán cerrados, como permanecieron los tuyos aquella vez...

martes, 24 de febrero de 2009

El de los besos raros

Aún hoy sigo preguntándome qué fue lo que falló en esta historia, tan breve pero tan intensa. Aún hoy me pregunto cuál sería el secreto de esos ojos azules que tanto me intimidaron y tanto me erizaron hasta el alma. Aún sigo preguntándome por qué esperé casi dos horas en la salida de renfe de Fanjul, con mis pantalones cortos. Aún sigo preguntándome por qué tardé sólo tres horas en sucumbir a tus "encantos". Y aún me pregunto por qué sigo pensando en ti. Quizás no como antes, quizás sí, pero te recuerdo de forma inusual.

La culpa la tuvo el orgullo. El tuyo y el mío, porque ambos fueron incontenibles e insostenibles. Supusiste una adicción animal, anormal y placentera. Escasa tantas veces... Por no hablar, por dejar correr la oportunidad de aclarar las nubes grises que aparecieron de repente. Por tu testarudez y tu egocentrismo, por mis ganas de no dar mi brazo a torcer. También por mi testarudez, cosas eternas que se sentaron en nuestras sillas desde el primer momento y al final nos hicieron desaparecer a ambos.

Cuando te decía que tus besos eran raros, era cierto, siempre fue cierto. Pero en el final, los eché de menos. Ahora tú tienes tu vida y yo la mía, y siempre recordaré esta historia como un torbellino, como un huracán de algo que salió del interior de mi cuerpo. Como un hilo plateado de aliento. Ambigüedad simple de amor-odio, de deseo inaguantable. Breve, y tan intenso...

domingo, 22 de febrero de 2009

Sueños en la niñez

Cuando era niña siempre me dormía de la misma manera: me acostaba en la cama mirando de cara a la pared, y cuando sentía que el sueño me ganaba el pulso veía una espiral de colores. Caía dentro de ella, y la sensación de caer se transmitía a todo mi cuerpo. Ahí era donde empezaban siempre mis sueños. Suena totalmente ficticio, pero es verdad; era como una introducción de la película que iba a ver esa noche, como los anuncios que te ponen en el cine o la canción de movierecords.

Tenía sueños de todas clases. En algunos corría por aceras desconocidas, sintiéndome perseguida por algo o alguien, pero nunca conseguía avanzar en mi carrera y mis pies se mantenían anclados a ese suelo ficticio, haciéndome presa de una angustia extrañamente real, casi palpable.

En otras ocasiones, muchas más de las que puedo recordar, soñaba que al bajar por las escaleras interminables de mi colegio me caía. Eran escalones grandes, de piedra. Sin embargo, cuando estaba a punto de chocar contra el frío, mi cuerpo se elevaba magistralmente, eludiendo el golpe y volando más allá de lo que mi vista lograba alcanzar.

También volaba sin razones aparentes; mientras corría sentía el deseo de la velocidad, y mis pies se alzaban haciendo caso a un impulso creado por mi propio cuerpo para sobrevolar edificios y árboles, llegando incluso a chocarme con las ramas. Pero, por otra parte, había veces, muchas, en las que mi cuerpo perdía ese impulso por una razón u otra y sentía que caía, que caía de verdad, a cientos de metros, y que el choque era imparable.

Supongo que mis sueños siempre quisieron decirme algo, que bajo esas historias ficticias y llenas de diversión durante unos pocos minutos se enlazaba un significado oculto intrínseco que no pude desvelar. Al fin y al cabo, era una niña, y como tal, podía permitirme soñar lo que quisiera. Tenía toda la vida por delante y muchos más vuelos que disfrutar.

Al crecer, el remolino de colores que ofrecía un preludio a mis divagaciones nocturnas se apagó. Fue mostrándose, ya no siempre, sino sólo ocasionalmente, cuando le venía en gana o no se sentía perezoso. Al cabo del tiempo, terminó desapareciendo definitivamente; y ahora mis sueños ya nunca más van precedidos de esa espiral extraña y atrayente. Nos hacemos mayores, poco a poco, pero sin descanso.

Qué gran regalo es la niñez, que te permite ser un ave, un halcón o un maniquí de cintura para abajo. Qué gran regalo de poder ser lo que quieras y tener tus propios sueños...

martes, 10 de febrero de 2009

Vivencias borrosas

Hubo un tiempo en el que podíamos soñar, un tiempo en el que nos creíamos libres, en el que pensábamos que el mundo estaba a nuestros pies. Pero poco a poco te das cuenta de las ilusiones que partieron y las realidades que ocuparon su lugar.

Tras ese tiempo, vino uno nuevo. Uno en el que mis pies se anclaban al suelo, uno en el que mis manos se aferraban a esas ilusiones perdidas, olvidadas en los resquicios de una leve sonrisa. Y ahí es cuando, primero las dudas, luego el temor, y más tarde la soledad me asaltaron. Intentaba responderme a mí misma qué estaba pasando dentro de mí y fuera de mi mente.
Todos esos cambios... Creo que la realidad a veces te abruma. Un día te despiertas sin ganas de seguir, olvidando todo aquello que antes te importaba, y cuando, aún con esfuerzo, lo recuerdas, te agarras a ello como si fuera la única salida a tu nueva imagen. A tu nuevo "yo", a tus nuevas realidades. Quizá nos hacemos mayores, los problemas crecen, nos sentimos débiles e indefensos ante una nueva sociedad, un nuevo aparentar...
Qué sencillo era antes arreglarlo todo con nuestras tizas de colores! Y pintar nuevos amaneceres y cielos azules en la pared de nuestra habitación.
No pretendo juzgar, sólo mostrar. Quizás mostrar un punto de vista distinto, para algunos real. Espero, seas quien seas, que al leer esto te tomes unos míseros minutos para reflexionar.


2007

De todo un poco

Un recordatorio a esos pequeños placeres

Hoy he recordado el día que fuimos a ver "V de Vendetta". Tú te acuerdas?? Hubo una parte en la que, he de reconocerlo, me emocioné. Quizás por la historia, y quizás y más probablemente por lo que la historia representaba:ideales de libertad, justicia y amor.

Puedo parecer tonta, pero sinceramente, creo que llorar viendo una película es el mejor signo de emoción que una persona puede demostrar ante una escena que realmente lo merece. Y es este el motivo de que hoy haya recordado todas esas cosas. ¿Significa eso que soy humana? ¿Que en mi vano interior existe una parte emocionalmente susceptible?

Permíteme darte un consejo, quien quiera que seas y estés leyendo esto: vive la vida como si cada pequeña muestra sutil de lo que te rodea fuera un pequeño tesoro, una pizca de una obra de arte. Vive como si cada nota de una canción te haga recordar o sentir algo nuevo, como si cada rayo de sol fuera el primero de esta nueva primavera. Vive como si cada flor te recordara a una persona especial en tu vida, como si el viento y la lluvia fueran regalos de la naturaleza.

Si lo haces, es que sientes. Y yo no me arrepiento de haber llorado; no me arrepiento de haber pasado horas escuchando las mismas canciones;no me arrepiento de haberme quedado cinco minutos tirada en la cama viendo las hojas de los árboles bambolearse al son del viento y oyendo a los pajarillos cantar; no me arrepiento de haber usado mi tiempo en mirar por la ventana, o en mirar al cielo, o las nubes o en mirar a la persona que más haya querido en ese momento. No lo hagas tú tampoco, porque si, como yo, has aprovechado(que no malgastado) tu tiempo en cualquiera de estas cosas, es que estás vivo.


Confusiones in my mind

I don´t know exactly how to begin to write this odd feelings. Je ne sais pas quand il a començé, perhaps it was allways there. Ajourd´hui, je soulement sais que tu me manques, je ne sais pas pourquoi, but i think i´m losing you over and over, una y otra vez. Sometimes i think i´m lost in the numb of my mind, and i don´t know how can i find myself without you. Because yesterday i noticed the truth:quelque fois je necessite parler avec toi, mais je ne peut pas, parce que tu n´est pas ici, and i can´t fill this wierd hollow. Sólo puedo admitir mis errores, but i can´t do anything to solve them. Maybe you don´t understand me, i don´t know exactly how to explain myself. Sometimes i need to talk with you, je veux parler avec toi, mais ce n´est pas le meilleur solution que je peut trouver. I hope you´ll be okay... Will we talk again?? Nous pouvons continuer avec cette relation?? Give me an answer, i will be waiting, but i can´t stand much more living like this, preteanding what i´m not really. Je te demande pardon une autre fois, ´cause i know i´ve hurt you. I didn´t really want to do it, forgive me, lo siento... Yesterday I noticed that tu me manques...
Ya sé que es incomprensible. No espero ser comprendida, sólo,quizás, ser escuchada o ni si quiera eso. Simplemente pasar desapercibida...
Parce que je ne peut faire rien pour solutioner cette situation, I´ll be waiting...

2006